viernes, 27 de abril de 2012

Las cosas mejoran...

¿Recordáis cómo amaba febrero? ¿Cómo February 2012 había sido lo mejor del mundo? Parece ser que febrero a mi no me quiso tanto. Golpes, hospitales, disgustos, días negros en los que no recuerdo nada... fue duro; sin embargo, he aprendido muchas cosas. Sé que no estoy sola, que mi familia me quiere como nada, que mis amigos me van a apoyar pase lo que pase y que tengo un novio que merece la pena. Estoy rodeada de amor, fe y esperanza.

Han sido unos meses duros, pero han sido meses de aprendizaje, de fuerza de voluntad, de sonrisas, conversaciones y de tardes en mi casa. He aprendido a usar una silla de ruedas, a andar con muletas, y a dar mis primeros pasos sola; he renacido. Me he dado cuenta del valor de la amistad, de que está fenomenal pasarlo bien con tus amigos pero que lo más importante es saber que van a estar allí cuando la situación no sea tan positiva.

Me han dicho que este accidente nos ha hecho madurar. Puedo asegurar que es verdad. Se aprende mucho más, y se vive mucho más, en los hospitales que en las discotecas. Reflexionas más con los sonidos de las máquinas que con las revoluciones de los discos de la mesa de un DJ, te haces mejor persona rezando a la Virgen pidiendo que todo mejore que tomándote un chupito para que la noche no sea tan sosa.

Si pudiera volver atrás en el tiempo no cruzaría la calle; nos habríamos ahorrado un muy gran susto y toda esta experiencia. Sin embargo, en el fondo de mi corazón, sé que esto ha pasado por una razón y que todas las relaciones que tengo ahora, todas las sonrisas y todos los guiños de ojos, no serían iguales si no hubiera pasado todo lo que pasó ese 17 (o 18) de febrero. No me sentiría tranquila evitando el accidente porque sé que mucha gente ha mejorado a causa de ello. Estoy orgullosa de mí misma porque, por fin, después de dos meses y medio he aceptado lo que me ha pasado y estoy pensando en solo lo bueno, intentando olvidarme de los dolores y de los malos momentos.

De pequeña me decían que no hay bien que por mal no venga, o algo por el estilo, y es muy cierto. De toda cosa mala se puede sacar algo positivo, solo hay que buscar y confiar en que las cosas mejorarán. En cierto modo el sufrimiento es un instrumento para mejorar las cosas; madura y transforma a todas las personas que toca, haciendo que estas se den cuenta de lo afortunadas que son. Ayuda a que empecemos a valorar cada pequeña cosa. Una sonrisa, despertarse cada día o incluso poder sentir los dedos de la mano, todo detalle es importante.

Los sufridores, si me dejáis usar este término, se vuelven más compasivos, buenos y comprensivos. Su corazón se agranda y se abre, listo para consolar a aquellas personas que sufran igual que ellos. Da igual la medida en la que esto ocurra, se preparan para dedicar tiempo a los demás porque saben, al haberlo vivido, que un simple "¿qué tal vas?"o un chiste puede hacer mejorar las cosas.
A todas las personas de mi entorno les ha marcado este accidente, ya sea solo un poquito, o mucho. Nos hemos dado cuenta de la suerte que tenemos de vivir donde vivimos, de estudiar donde estudiamos, y de tener amigos como los que tenemos. Somos una gran familia que nos ha apoyado en todo momento y que anima a seguir adelante en todo momento. Hemos creado una red de amor, fe, esperanza y cariño que resiste y apoya a toda persona que caiga en ella.

Ya solo queda dar gracias por la familia y por los amigos, agradecer que ellos a diferencia de los taxis en Madrid, no escasean cuando hace mal tiempo.