Pero me doy cuenta de que no sé.
Me da miedo escribir, juzgarme a mí misma al poner todo sobre papel. No quiero hacer frente a mis errores. No quiero reconocer lo mal que estoy haciendo todo. Peor aún, no quiero darme cuenta de que sé perfectamente lo que tendría que estar haciendo ahora mismo.
Si la vida es una serie de montañas, podría decirse que ahora mismo estoy descendiendo de un gran pico, a punto de llegar a un valle. Estoy abajo, muy lejos de la cima; he tocado fondo. Pero aun puedo liarla un poco más, aún no he llegado al punto más profundo del valle. Aún tengo amigos. Aún. Por ahora. Todavía. El problema es que no recuerdo cómo subir la montaña. No sé si es que mis músculos ya no tienen fuerza, si he perdido el mapa, o si no quiero sufrir las cuestas arriba y prefiero dejarme caer cuesta abajo, pero por alguna razón cada vez veo la siguiente cima más alejada.
Y esto es un problema. Veo como mi vida cae, como está en un torbellino, en un descontrol. Lo veo. Y lo ignoro. Intento arreglarlo buscando apoyos: un árbol por aquí, un caminante por allí (y otro, y otro), pero solo aguantan un rato antes de convertirse en peso muerto. Al árbol se le caen las ramas, el caminante se pierde, se queda sin fuerzas o me cansa su compañía.
Y entonces es cuando me doy cuenta de que tengo que volver a aprender a subir montañas sola, porque si no me quedare abajo. Pero no lo intento hacer. Me dan miedo las consecuencias, me da miedo perderme entre los arboles, llenarme de picaduras de malas víboras y tener que pasar las noches sola acampando antes de llegar. Me da miedo encontrarme con otros montañeros por el camino, por si me llevan por la senda equivocada, o me convencen de que abajo hace mejor tiempo. Me da más miedo encontrarme con el montañero que me sepa llevar hasta la cima, por si se me olvida como subir otra vez. Debería superar el miedo. Pero soy una cobarde y seguiré bajando hasta que vea lo profundo que es el valle, con un caminante no tan nuevo esta vez. Seguiré bajando hasta que se me rompa el zapato, o tenga tanto calor que no tendré más remedio que ir hacia arriba, hacia el viento fresco y el aire limpio.
Aunque puede que para entonces esté nevando, y ya no pueda subir a la cima aunque quiera.