El amor es enamorarse todos los días de la misma persona, vivir cada sonrisa suya como si fuera tuya propia, compartir risas y robar besos. El amor es hacer el tonto sin miedo a hacer el ridículo, poner caras raras y acentos extraños.
El amor es todo.
Mucha gente ha intentado describir esta sensación: poetas, guionistas, novelistas. Pero no han sido capaces. Es algo tan complejo que es imposible describirlo con meras palabras, para explicar el amor se cuentan experiencias, se hacen comparaciones, se idean metáforas. Se compara con Dios, con la primavera, con las risas de las niñas o con el olor de la hierba fresca. Se hablan de tus tardes siendo joven, las mañanas siendo anciano. Se cuentan historias, razones para creer en un mundo mejor. Se da a entender que se siente con esta emoción tan codiciada por todos.
Para mí el amor es alegría, es felicidad. Es poder sentarme en el suelo con la espalda apoyada en la cama sin hacer nada y pasármelo bien, solo porque estoy con la otra persona. El amor son tardes enteras hablando de nuestras cosas, tardes llenas de risas, de confesiones o de tontería.
El amor es todo, y mucho más.
Es ese sentimiento de complicidad con tu amiga cuando las dos os reís al ver una foto, o al oír un comentario, una canción, porque os acordáis de la misma tontería. Es ese abrazo especial que sabe consolar cuando algo sale mal y que sabe celebrar en los momentos más felices. Es ser tú misma porque sabes que no tienes nada que ocultar y que van a aceptar todo de ti. Es tener un apoyo constante, un pilar sobre el que construir la casa de tu vida.
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